El Velorio

Había sido un accidente terrible; tanto, que el reconocimiento de los cuerpos se hizo por medio de registros dentales.

En la funeraria, las familias de las víctimas estaban, obviamente, inconsolables. No era momento de frases como de justicia, negligencia ni mucho menos. Era el inicio oficial del luto.

Durante el acto velatorio intercambiaron abrazos y condolencias, aparte del inmenso dolor, no podía dejar de respirarse camaradería, comprensión y cariño entre las dos familias.

Mientras tanto, en el sótano de la funeraria, dos preparadores de cuerpos estaban frente a los cadáveres sin saber qué hacer. Eduardo y Amadeo, antiguos trabajadores de la funeraria, se miraban confundidos y luego volvían a mirar los cuerpos de manera repetida y sin pronunciar palabras.

De pronto el señor Rosario, encargado de relaciones públicas y de la funeraria en general, entró a la sala llevando en sus manos dos vestidos destinados a cubrir con elegancia a cada uno de los cuerpos.

Al ver aquella escena de indudable confusión preguntó en tono nervioso:

Sr. R- ¿Qué pasa? ¿Por qué no están preparando los cuerpos? Se mueven más ellas dos que ustedes…

Sin perder la expresión de confusión contestaron al unísono:

-¿Cuál es cuál?

A lo que saltó la respuesta obvia:

Sr. R-¿No saben leer? ¡Vean las etiquetas en los pies!

E-No las tienen. Deben haberse caído en el camino o algo así.

Sr. R-¡¿No?! ¿Llegaron sin identificación? ¿Seguros?

A-Claro ¿Crees que se las quitamos nosotros?

R-Con lo imbéciles que son a veces…

E-Bueno, más respeto.

Sr. R-¡¿Respeto?! ¡En media hora tienen que estar esos cuerpos arriba!

A-¿Qué hacemos?

Sr. R-Vístanlas con estos vestidos y ya.

E-Ajá. ¿A quién le ponemos cuál vestido?

Sr. R-Después no quieren insultos… ¿Cuál es la diferencia? Este azul lo envía la familia que compró la urna caoba, el otro a la otra y ya.

A-¿No se van a dar cuenta?

Sr. R-¿Cómo coño? ¿No ves cómo quedaron? ¿Creen que el féretro va a estar abierto?

A-No, pero me da cosa, ¿No? – dijo mirando a Eduardo –

Sr. R-¡Bien bonito! Y exactamente ¿Qué te da cosa? Capaz que hasta aciertan.

A-Me parece un irrespeto.

Sr. R-¡¿Qué coño irrespeto?! ¿Quieres subir y hacer que llamen al forense otra vez para hacer la identificación? Eso sí es respetuoso; además de buen servicio ¿No?

E-Pero una es más baja.

Sr. R-Dios mío ¡Es a féretro cerrado, coño! Si te preocupa, igual van a quedar a la misma altura, ¿o es que vas a hacer que a una sólo se le vea la frente?

A-Y por fin ¿De qué cuerpo es cada vestido?

Sr. R-Santo Cristo. Este azul a cualquiera y lo meten en la urna clara y…

E-¿Ese no era a la caoba?

El señor Rosario se vio de pronto víctima de otra confusión y sólo atinó a decir:

Sr. R-¿Cómo era? ¡¿Ven lo que logran?! ¿Estás seguro que dije vestido azul a la caoba?

E-Sí.

Sr. R-Ok.

E-Creo…

Sr. R-Esto no es iglesia para estar creyendo ¿Sí o no?

E-Casi seguro que sí.

Sr. R-¿Cómo confiar ahora?

A-Si quiere suba y pregunte – Dijo con sonrisa sarcástica -.

Sr. R-A bueno, nos pusimos graciosos

Luego de un silencio Amadeo dijo:

A-Igual si es a féretro cerrado ¿Qué importa?

Sr. R-No me preguntes por qué, pero hay posibilidad de que quieran ver los vestidos.

E-Lléveselos entonces.

Sr. R-¡Puestos en los cadáveres!

A-¿Para qué?

Sr. R-Sube y pregunta… Además, ya dije azul al caoba y el otro… no debo decir más, ¿o sí?

E-Igual no estoy de acuerdo.

Sr. R-Igual no me importa. Les quedan 15 minutos.

Luego de media hora Eduardo y Amadeo subieron los cuerpos. Ubicaron los féretros donde se les indicó y no alcanzaron sino a quedarse en una esquina donde podían ver a ambas familias a ver si solicitaban la apertura de alguna de las dos.

Las expresiones de sus rostros, entre nerviosos y graves, llamaron la atención de los presentes.

El señor Rosario salió de su oficina luego de hacer los arreglos de traslado para el cementerio y al darse cuenta de la presencia de Eduardo y Amadeo con esas expresiones tan marcadas en sus rostros, se les acercó con paso lento y su mejor mirada de tristeza comprensiva. Los abrazó a ambos al tiempo y susurrando les dijo:

Sr. R-¡¿Qué carajos están haciendo aquí y con esas caras, par de estúpidos?! ¿Quieren que se den cuenta que algo pasa? ¡Bajen ya!

Al separarse su expresión era paternal dio palmadas en sus mejillas y apretando las muelas les dio la espalda con la esperanza de que se fueran inmediatamente.

Los padres de las víctimas se acercaron al señor Rosario y con extrañeza le preguntaron qué les pasaba a esos hombres.

El señor Rosario, con su experiencia de años en el negocio funerario, bajó el rostro con una expresión de gran tristeza, respiró profundo y dejando temblar un poco sus labios les dijo:

R-Nunca los había visto así. Están muy afectados por la injusta pérdida que sus familias acaban de tener.

Con gran sorpresa y agradecimiento le dieron al señor Rosario un fuerte apretón de manos y con lágrimas en los ojos, se dirigieron hasta Eduardo y Amadeo y con sendas lágrimas en los ojos los abrazaron de la manera más fraternal y agradecida que sus almas pudieron.

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