De mañana

En una cálida y silenciosa mañana, hay personas que no pueden, o saben hacer mucho. Se dejan llevar por el silencio a no ser que este sea interrumpido inevitablemente.

-Hola, ¿cómo estás?

-Bien, aquí descansando un poco.

-¿Qué planes para hoy?

-No sé. ¿Qué propones?

-Quería quedarme acá hoy. Leer un poco, nada en especial sólo estar aquí.

-No me parece muy buena idea, pero como tú digas.

-¿Qué has hecho?

-Nada del otro mundo. Estar a la mano, por así decirlo.

-Es un poco aburrido eso ¿no?

-Realmente no depende de mí y no conozco el aburrimiento. Me entretengo con cosas mínimas.

-Eso es envidiable.

-No requiere gran cosa, sólo disfrutas lo que venga sin ponerle etiquetas ni expectativas.

-Sí, me imagino que si se escucha tan fácil, la dificultad de ponerlo en práctica es, o debe ser, increíble.

-No sabría decirlo.

 

A veces el silencio no es cuestión elegible; llega en momentos de pausas necesarias, incalculadas. Es como si el espacio pidiera un momento para respirar.

 

-¿Has leído algo interesante últimamente?

-Por suerte casi todo lo que llega a mi mano si no es interesante, al menos logra entretener.

-Qué bueno. Ciertamente es una suerte. Hay demasiados libros que podrían parecer una gran pérdida de tiempo. Aun así alguien los disfruta.

-Cierto.

-Hablando de aburrimiento. ¿No te has cuestionado la vida que estás llevando?

-Cuando lo hago, caigo en realidades inesquivables que no merecen la pena porque simplemente son torturas innecesarias que ni llevan a nada, ni aportan nada.

-¿No has buscado la manera de solucionar todo esto? Es un verdadero purgatorio llevar ese tipo de vida imagino yo. Viviendo de esta manera no creo que vayas a durar mucho.

-¿Realmente buscamos hacerlo?

-¿Qué?

-Durar.

-Algunos le llaman subsistir, pero sí; es normal que las personas busquen no sólo durar, sino además hacerlo de la mejor manera. Con triunfos, cualesquiera estos sean. Se busca la prosperidad, la felicidad, etc.

-Conceptos algo abstractos, si me lo preguntas. No sé, en este punto, qué tanto me interesa “durar” en este… mundo, plano, o como quieras llamarlo.

– Si empezamos con la poesía y me dices que te gustaría desvanecerte simplemente sin dejar huellas en el viento o algo por el estilo, me voy.

-No, para nada; aunque no creo que te vayas si lo hago. Después de todo, estás a la mano.

-Sí, pero hay cosas que simplemente carecen de sentido.

-¿Como cuáles?

-Esas que te dejan estático, filosofando en prosas y versos. Podía funcionar en la antigua Grecia, pero en estos tiempos, no.

-No es quedarse estático, es simplemente lo que pasa mientras haces lo que tienes que hacer en el día a día. Quedarse aburrido con los resultados de una vida que se vuelve inútil. Es ser el resultado de muchas nadas y pocos  contenidos.

-No sé qué decir a eso. Sigue a ver…

-Mientras pasan los años y te ves en el mismo estudio, con diferentes escenografías, es como repetir constantemente y de manera inevitable los mismo momentos pero con más arrugas sobre la piel y más cansancio en el cuerpo. Haces las cosas de manera distintas, tomas diferentes caminos, pruebas distintas rutas y soluciones, pero al final del día algo te deja en el mismo sitio, con las mismas ojeras que buscaban que algo cambiara. Al final del día, todos tenemos un inevitable destino y por más que lo nieguen los grandes optimistas, no existe nada que puedas hacer para evitarlo. Disfrutar de las pequeñas alegrías momentáneas que te regala la existencia es como beberse unos tragos, son sólo momentos que esconden o distraen de la realidad.

-Ah, eso es aburrimiento…

-¿Lo sientes?

-No, lo veo en ti, en tu cansancio a plena mañana.

La mañana perdió su calidez. El día ocultó el sol entre espesas nubes. La claridad, sin embargo, seguía traspasando el ventanal que bañaba la habitación de luz.

 

-Cansancio, agotamiento… aburrimiento. Sí, es como una consecuencia natural.

-Y ahora… ¿Qué va a suceder?

-Lo mismo de siempre, nada… Tal y como te dije. No existe nada que pueda cambiar la realidad, sólo espejismos que nos hacen sentir que estamos haciendo algo. No es cuestión de actitud… es simplemente un hecho, como la fuerza de gravedad, no tienes que creer en ella, simplemente es.

-Y entonces ¿por qué sigues saliendo, leyendo, buscando…?

-Porque es lo que hay que hacer.

-¿Qué te motiva?

-La fantasía, quizás. Vivo soñando las 24 horas del día con realidades paralelas. Vivo en mi propio mundo donde las cosas son como quisiera que fueran en todos los aspectos, aceptando algunas cosas de la realidad como parte de todo.

-Ese mundo es maravilloso, ¿cierto? Ideal…

-Sí. Aun así no deja de tener complicaciones porque dentro del idealismo, hay una dosis de realidades que tiene que tener para que sea digerible e incluso tan cerca de lo real que no parezca imposible de alcanzar.

-Ciertamente menos doloroso, claro está.

-El dolor viene al pisar este mundo. Creo que por eso temo tanto a las drogas. Las pocas cosas de este mundo que realmente disfruto están inalcanzables y, al quedarme sólo conmigo es como entrar en un infierno.

-Porque las cosas no son como en tu mente, obviamente.

-Y no están ni cerca.

-¿Y qué me dices de la esperanza?

-Se queda en mi mente. Los años pasan sólo para molerme a palos. Me dejan la conciencia de mi inutilidad muy clara cada día.

-No tengo palabras.

-No las esperaba. Hay muchos conceptos que rondan por ahí. Reinvención, optimismo, levantarse, etc. Ya nada llena, y el ser un estorbo para cualquiera es terrible. Y más terrible aún la cobardía de no lanzarse a la calle y perderse, primero en el mundo, luego en la cordura, hasta que morir se vuelva un sueño placido y suave. El suicidio tampoco es opción…

-Me imagino. Sobre todo cuando se concientiza.

La mirada se perdía en el cuadro que dejaba la transparencia de la ventana. Apoyando su rostro en su puño, sentado cómodamente en aquella butaca, ya había perdido la conciencia de las conversaciones que mantenía con sus fantasmas.

En aquella soledad ya no cabía nadie. Ya nadie le visitaba en aquella casa de reposo y los médicos habían renunciado a hablarle. Era muy joven para haber perdido la cordura de esa manera.

La única caricia se la daba una lágrima que le visitaba diariamente la mejilla izquierda. En aquella habitación sólo se dejaba ver el olvido, la tristeza. El aroma de libros viejos le besaba la piel y su cuerpo conseguía en las mañanas, más fuerzas de las que él quería, de las que necesitaba.

Sólo la tristeza y la soledad le fueron fieles. Sólo el olvido le dejó sus huellas.

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