Desde el bar

Te vi por accidente desde el bar. Tu silueta se paseaba de un cuarto a otro en su rutina pero para mí fue la más bella de las danzas que a contra luz me brindabas inconciente.

Me envolviste en el encanto de esa luz ámbar que te dibujaba. Tus pasos eran tan dulces y suaves que mi noche se acabó justo en el momento que los párpados de tu balcón se cerraron interrumpiendo la función de amor que sin querer mi ilusión me jugó.

Noche a noche volví sólo para verte llegar. Mi cobardía no me permitió interrumpir tu camino en la acera para verte desde un brillo distinto. Sentí que conocerte era perderte.

Volví noche tras noche a la misma mesa, que era la perfecta butaca que atacaba tu balcón. Era maravilloso sentirme dentro de tus paredes y volverme el olor de tu piel. Tus rasgos nunca se reconocieron en mi retina pero la fotografía de tu figura me sueña de una manera absurda.

Podría sonar un poco cursi, pero sólo expreso lo que en mis manos se vuelve fábula.

Tengo varias noches que no te visito desde mi mesa.

Vivo aún el momento en que un ruido hizo que salieras corriendo hacia la ventana y tu sombra me vio fijamente. Ni el fuego ni los gritos pudo moverme. Temblé cual niño en navidad, mis nervios sudaron mis manos, me quedé de una pieza.

Ahora  ya vivo en esta mesa siempre viendo a tu ventana.

Muchas cosas han cambiado y hasta desaparecido, pero mi sombra viendo tu silueta nunca desaparecerá.

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