Sangre del asfalto

Me caen como cenizas en las manos los pensamientos. Me devuelven la cordura por momentos, pero esos momentos no son los que más se repiten.

La sangre se resbala entre mis dedos y el temblor en mi ojo izquierdo no cesa. El cuerpo que descansa a mis pies dejó de tener algún tipo de sentido e identidad. Simplemente somos dos sombras en la noche de una esquina a plena luz del día. Sólo yo tengo color… colores que me derraman en el asfalto.

No estoy seguro de nada. Mis ojos no se separan del bulto inerte que desecho yace a mis pies y mi cuerpo se volvió lápida sin yo saberlo y sembrado en la calle, que me devora sin consumirme, empiezo a sonreír casi sin saberlo.

¿Quién es? ¿Quién me trajo?

El estado en que me encuentro hormiguea entre mis pensamientos y me deja a merced de lo que pueda pasar.

Estoy sembrado en medio del gris oscuro de la noche más clara de todas.

El Sol sale de mis ojos, la angustia muere en el callejón vacío.

Mi cuerpo yace a mis pies en el ocaso más extraño que pude ver.

La música muere sorda en mis oídos mudos. Mis ciegos brazos se posan en mis ojos rígidos.

El gris me consume y me despido del calor de mi rabia en medio de pensamientos sin sentido. Desvanezco con los días, con los años. Nunca estuve…

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One thought on “Sangre del asfalto

  1. No sé. TAl vez sea… pero el pecho se me ensancha y se me comprime, como se me ocurre que sucede con el aire en una de esas “bolsas de seguridad” de los automóviles, previstas para casos de impactos violentos. No cesa el ¡guaooo! dentro de mi.

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