Alma Marchita

Se hizo desde una oscuridad incalculada, invisible. Fue poseído desde muy temprano por la oscuridad, frente a todos sin que nadie pudiera advertirlo.

Día tras días el infierno le cobijaba y contrario a la creencia popular, era el invierno eterno.

Dejaba asomar sonrisas y usaba máscaras invisibles frente al sol, mas su corazón había marchitado casi al nacer.

Era su propio demonio; su vida, su prisión a cadena perpetua.

Cada evento positivo se convertía pronto en parte de su tormento.

Caminaba sin rumbo ni destino cumpliendo con las cosas básicas de su entorno.

Un día llegó a encontrarse frente a frente con la realidad. Nunca se había mirado al espejo de esta forma.

Se miraba las manos, se tocaba el rostro y no coincidía con la imagen que arrojaba el espejo.

Se veía plagado de llagas. De los ojos le brotaba espesa y viscosa sangre; sus manos deformes no podían cerrarse, sus piernas estaban vencidas y su cabeza era difícilmente sostenida por una columna a punto de derrumbarse.

Estaba estático, extrañamente sereno sin dejar de sentir una obvia inquietud.

Se volteó despacio dando la espalda al espejo y casi sin levantar la vista, se vistió y salió a la calle a vagar como siempre.

Con la mirada alta, como buscando aliento; recorría las calles sin poder borrar de su mente aquella perturbadora imagen.

Se paraba en los semáforos y contemplaba sus manos; blancas, lisas.

Las arrugas en sus ojos, mantenían lágrimas en cautiverio que no se atrevía a secar.

Caminó por horas abriendo calles desconocidas, profanando vírgenes jardines.

Sus piernas entumecidas se negaban a parar. Las plantas de sus pies ardían. Se perdió en la ciudad hasta traspasar la razón.

Pasó por países, venció fronteras con una invisibilidad inconsciente hasta que llegó al mar.

Se detuvo mientras las olas escocían sus heridas. Lloraba inexpresivo bajo una luna que lo veía maternal.

Se venció de rodillas y exhaló sus memorias.

Ahora vive sólo para él en la maldición de su olvido. Queda su cuerpo sembrado, respirando inmóvil con los ojos abiertos en el fondo del mar; insensible, inerte, inútil… Sólo un estorbo para las olas que desgarran su ser sin poder liberarlo de su condena.

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One thought on “Alma Marchita

  1. No sé si el “día tras días” es un lapsus digitus, pero le añade un sabor especial a la expresión. El “fantasma” toma carne con penas de poesía.

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