La bella luna

 

Nació una noche de estrellas, justo en el momento en el que un dulce rocío adornaba cada pétalo del sitio. No tuvo nombre al nacer, sólo una sonrisa que plateaba cada sitio al que miraban  sus grises ojos.

No hubo nadie cerca para presenciar el milagro de su vida y sólo las flores, los árboles; eran testigos de aquel momento mágico que nadie recordaría pero todos disfrutarían.

Día a día, cada parte de la naturaleza le iba regalando aromas, le iban llevando de la mano para que fuera recorriendo cada esquina, cada valle. Le iban llevando por lagos y montañas, sin tener nunca un sitio al cual regresar.

Simplemente era la dueña de todo lugar donde dejara su andar.

El sol la contemplaba con celo. Él era el más grande, el que daba a las flores su esplendor y a los árboles su magnífica presencia. Entibiaba los lagos y consentía a cada animal que saliera a pasear. Pero todos estaban pendientes de aquella bella criatura que iba creciendo cada vez con más gracia y belleza.

Un día, aprovechando que todos dormían una pequeña siesta, el sol bajó, tomó a aquella belleza entre sus brazos y se la llevó al cielo para ocultarla de todos y así volver a tener la atención que ella le había robado. Le tejió una cuna de luz y la recostó suavemente. Tan pronto lo hizo se ocultó.

Ella despertó y, al hacerlo, se vio sentada en aquella brillante cuna. Pudo ver todos los sitios que tanto recorrió; y tanto le gustó que ya nunca más quiso bajar y se volvió a dormir con aquella imagen que le dejaba una dulce sonrisa en los labios.

Esa noche, al  salir las estrellas para velar el sueño de su bella niña, empezaron a notar una luz más grande que todas ellas. Al juntarse todas alrededor de aquella luz, se dieron cuenta que era aquel pequeño ángel que un día vieron nacer. Estaban sorprendidas ante semejante espectáculo; era la luz más grande en aquellas horas. Resaltaba en medio de todas ellas con una luz inmensa, hermosa.

Así fue pasando el tiempo y cada madrugada, justo antes del sol salir, la tomaba tierno entre sus brazos y la ocultaba a sus espaldas para que nadie pudiera verla mientras él estuviera presente.

Todas las criaturas la extrañaron por siempre. Sólo un solitario lobo que vagaba una noche por las montañas, la descubrió en su cuna, allá lejos, llena de la luz que sólo su sonrisa soñadora podía producir y ahora la hacía más grande en medio del inmenso cielo.

Ahora cada noche, cuando ella baña al cielo con su luz, aquel lobo la saluda con un bello canto que le dedica desde lo más profundo de su corazón.

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4 thoughts on “La bella luna

  1. Precioso. Este relato compensa mil obscuridades pasadas. El “sabor” de Luz solamente es superado por el ojo y el oido que se juntan para entonar un canto a la imaginación y creatividad del poeta luminoso en su presencia distante. Gracias por iluminarme desde lejos con tu bella manifestación expresiva. Mi Espíritu se renueva en Tu Luz (espacio) y Tu Sonido (tiempo).

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