La consulta

Con la rabia absurda que la situación ameritaba, se carcomía en silencio mientras analizaba su estupidez sin límites. En la sala de espera del neurólogo pensaba con gran intensidad en los hechos que hacía apenas un par de días habían marcado un nuevo fin a su vida. Estaba desolado, desempleado, triste y amargado, deprimido e indignado.

No entendía como luego de tantas experiencias, de visitar tantas camas dejando el aliento entre sudores, se había dejado llevar de manera tan ridícula por un ser tan absurdo, con tan poco o nada que aportar al mundo.

La recepcionista le avisó que ya era su turno. Vacilante y con dolores en todos los músculos se levantó y entró al consultorio.

  • Muy buenos días señor… ¿Andreas?
  • Si doctor, buenos días.
  • En qué puedo ayudarle.
  • Necesito que saque parte de mi cerebro.
  • ¿Disculpe?
  • Así mismo doctor, necesito que me diga de qué parte de mi cerebro puedo prescindir para no ser tan imbécil.
  • Señor Andreas disculpe usted, pero me parece que usted necesita otro tipo de ayuda, si me permite me parece que un psiquiatra es lo mejor.
  • ¿Él podría decirme que parte del cerebro extirpar y le daría indicaciones a usted?
  • No señor jajaja disculpe que me ría, le podría ayudar a encontrar la raíz de sus problemas y manejarlos, si es necesario le trataría con medicamentos.
  • Jajaja disculpe que me ría yo, doctor, la raíz de mi problema la conozco exactamente, soy un imbécil irremediable y ya estoy cansado de serlo. He ido a algún psicólogo, también a psiquiatras, pero no hay solución. Podría en este momento recitarle problemas junto a soluciones sin pausa. No doctor, necesito una solución radical.
  • Señor su cerebro es indispensable en su totalidad, no hay una parte de él que sea prescindible. Fíjese que en la antigüedad creían poder sanar a la gente con un procedimiento bastante salvaje llamado…
  • Lobotomía, si lo sé doctor, pero también se que hay partes del cerebro que controlan ciertas cosas, debe haber una que controle las conductas imbéciles, cierto.
  • Insisto señor Andreas su problema no tiene que ver con su cerebro sino con su manera de manejar las cosas.
  • ¿Le parece inconsciente una petición de este tipo?
  • Por supuesto, aunque más que inconsciente es absurda señor, con todo respeto.
  • No se preocupe, después de los últimos acontecimientos de mi vida no es tan fácil ofenderme.
  • Si quiere le recomiendo entonces…
  • No se moleste. Sólo quiero la operación y cómo último acto imbécil, pretendo pagarle lo que usted considere justo.
  • Señor, no le puedo poner precio a una operación que no existe.
  • Imagine un mundo paralelo donde exista y vuélvase el mercenario piadoso que acaba con las miserias de los desafortunados como yo.
  • Seguramente su problema es más sencillo de lo que usted cree y se deja llevar de esa manera por el dramatismo común de los depresivos.
  • Aunque no dejo de admitir que me siento un poco deprimido, debo decirle que no soy una persona depresiva, tengo analizado desde hace rato mi asunto, mi vida entera de hecho.
  • ¿Tiene usted amigos, familia, hijos…?
  • ¿Y entonces…? ¿no considera un daño hacia ellos su actitud, lo que busca?
  • Por el contrario me parece un regalo increíble, sé que lo celebrarán, ya que hasta ellos han sido víctimas constantes tanto de mis actos como de mis consecuencias.
  • Bueno mi señor, me sigue pareciendo un absurdo y con su permiso prefiero tratar a otro paciente.
  • ¡Le pago en dólares!
  • Por favor.
  • ¡Euros!
  • ¿Con tanto dinero y quiere extirparse el cerebro?
  • No el cerebro doctor, preste atención que es importante, es la parte que me hace imbécil.
  • No hay tal parte.
  • Bueno la de los sentimientos entonces, quizás eso ayude bastante. Y no me diga que no existe tal parte porque sé que si, lo investigué y la que no encontré fue la de la imbecilidad.
  • ¿Cómo pretende que yo le quite la parte dedicada a los sentimientos?
  • ¿Qué tiene de malo?
  • ¿Qué, a sus seres queridos no les importaría?
  • Al que no le importaría sería a mi, claro si usted hace bien el trabajo.
  • Pero no le importa dejar de sentir amor, dulzura…
  • No se mariconée doctor. ¿Cómo cree que me importaría si luego de la operación daría igual?
  • ¡Más respeto señor!
  • Disculpe doctor. Pero por favor colabore conmigo, es importante.
  • ¡Un millón de dólares!
  • Por cierto, ¿cuánto también por un pedazo de memoria?
  • ¡No me joda!
  • Más respeto doctor.
  • ¿Pero es que usted cree que está comprando un carro y pidiendo accesorios?
  • No, estoy tratando de hacer algo por mi vida para mejorarla y busco quitar lo innecesario. Como en un carro sería el porta lentes o algo así.
  • ¿No cree que puedo elegir recuerdos que borrar, cierto?
  • No doctor ahí si estaría loco de remate.
  • Jajaja ¿sólo ahí?
  • ¿Disculpe…?
  • Nada señor Andreas. Ok, digamos otro millón por una parte de su memoria, ¿qué más?¿Quizás le inyecto algo de valentía?
  • ¿No le parece que lo que le estoy pidiendo requiere de eso? Además, la valentía es una herramienta del imbécil que sólo si existen las dos partes juntas funciona.
  • ¿Cómo sabe usted eso?
  • Si no se tienen sentimientos la valentía no existe, sólo acciones inconcientes.
  • ¿Y si luego de la operación en una de esas acciones usted llegara a matarse?
  • Si usted procedió bien me parece que no me importaría. ¿Son dos millones entonces?
  • Si dos millones. ¿Cómo lo cobraría si le quito la memoria y a usted no le importaría luego no pagarme?
  • Programo el pago para luego de la operación si cuando salga siento algo aparte de dolor se regresará el dinero, si no se hará suyo automáticamente sin necesidad de mi aprobación.
  • ¿Y cómo lo haría?
  • Hay un mercenario en el banco que se va a ganar quinientos mil dólares por esto. Al fijar la fecha y hora el vendría, usted se asegura de sus credenciales y de todo; incluso podrían haber abogados si usted así lo precisa.
  • Me parece bien. ¿Para cuándo podría traer a dicho señor?
  • Está afuera.
  • Hágalo pasar y hagámoslo.
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