Escritor

 

Cada mañana me despierto desde antes de abrir los ojos. No he visto siquiera la claridad del día, cuando ya mi mente se echa a volar.

De esa manera pasan los minutos hasta que abro los ojos lleno de optimismo o con ganas de volverlos a cerrar hasta que se desaparezcan los demonios. Es incierto…

Me levanto a empezar la rutina que desde niño se me inculcó y de manera automática voy recorriendo cada centímetro de la habitación con el destino marcado.

A veces la mente se me pone en blanco y los sentidos aún con pereza me guían.

Luego de culminar mi rutina de aseo personal, salgo del baño a vestirme y echarme a andar como dictan las normas sociales de la normalidad y el deber ser de todo ser humano adulto y responsable. Claro que estas normas las aplico dentro de lo que puedo.

Salgo a caminar al jardín, donde mis ojos van recorriendo los alrededores. Lleno mis sentidos de todo aquello que me rodea; los colores, los olores… el pequeño rumor de personas lejanas y la paz que me rodea.

Luego de largo rato vuelvo a mi habitación con el propósito de escribir; quizás algún poema, tal vez alguna breve historia…

Paso el día envuelto en mis líneas sin pensar en nada más que la próxima frase de un personaje o dejándome llevar por las imágenes que plasmo en el papel.

Es una vida apacible. Para muchos podría ser aburrida, de hecho nunca me hubiese imaginado hace un par de años que pudiera apreciarla.

Era dueño de la bruma nocturna y del vaho de los bares; era el señor del asfalto cansado, dueño indiscutible de las luces y los bajos instintos; era el feliz poseedor de la luz de la luna entre las sombras más rojas. Igual siempre la creatividad estuvo y la escritura, de hecho, se excitaba notablemente en esa vida de horas eternas.

De vez en cuando recuerdo esos tiempos y me quedo perdido en el blanco techo que me protege o me cuelgo en el paisaje que me arroja la ventana.

Vuelvo siempre a mi disciplina y hasta logro escribir algunas vivencias lejanas con toques de ficción o de pronto con toques de verdad y confesión.

Almuerzo por inercia atontado por el impacto de ponerme de pie luego de tantas horas, pero luego vuelvo a mi escritorio. Es como si tuviera demasiado que decir, que contar y mis manos no paran, mi cerebro nunca se detiene.

Sé que acaba la tarde cuando el ocaso golpea mi piel con sus dulces rojizos; comprendo que se acerca la hora de dormir.

El último de mis escritos, recordaba un episodio en particular que me hacía sonreír.

Fue aquella noche en un bar de mi agrado. Mi estado mental era completamente incomprensible para cualquiera. Estaba escribiendo una historia que me había perseguido desde hacía días. Estaba completamente envuelto en mi historia, me había transformado en mi personaje principal cuya violencia era parte de su ser. Me dejé llevar por la historia y empecé a vivirla de pronto. Con papel en mano me tiré a la calle y en carrera me conducía por el mundo creado. Estaba lleno de monstruos y demonios, iba a rescatar a mi mujer de ensueños. Corría por las calles mientras los demonios me iban arrancando las ropas, iban desgarrando mi piel a dentelladas mientras se reían, se burlaban de mis mandíbulas apretadas y mis gritos de rabia y dolor. Me batí a duelo con gigantes y desmembré a más de uno. Asesiné enanos que se me abalanzaban por cientos y al llegar frente a mi amada me detuvo su mirada tierna. Sólo tuvo tiempo de decirme un te amo cuando una daga infame cortó su dulce cuello. Desesperado me lancé contra el verdugo mas, el vacío me esperaba dejándome caer en una oscuridad infinita.

Amanecí con suavidad en la cama que ahora me cobija. Tenía casi todos los huesos rotos por lo que estaba inmóvil; mi piel estaba en carne viva y sus restos debajo de mis uñas. Sólo pude perderme en el paisaje que arrojaba la ventana, mientras que la señorita que me atendía me proporcionaba la paz por medio de una pequeña pastilla.

Después de tanto tiempo sigo aquí, sin intenciones de irme y sin contar, por supuesto, con que me dejen hacerlo. No recuerdo si hay alguien que me espere o que alguna vez lo haya hecho; tengo tanto tiempo que no hablo más que para pedir más hojas u otro lápiz…

Ya la noche está aquí… mis demonios siguen allí y siempre me visitan; siento que me ven con nostalgia y les devuelvo el cariño con una breve lágrima y media sonrisa antes que la pastilla de turno haga efecto y me vuelva a dormir.

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4 thoughts on “Escritor

  1. muchas veces me pasa que cuando voy a dormir, ya estoy pensando en lo que voy a escribir y muchos de mis relatos son una mezcla de verdades con algo de ficción y confesiones como tu lo dices en la publicación. Me gustó, saludos.

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