Inevitable

“Fue sólo esta gota de alcohol inevitable en mi frente la que predijo tan inefable destino… “

No sirve para nada.

Tengo que salir de este piso que me absorbe inclemente.

Camino un rato, cabizbajo, y sólo mi cigarrillo es cierto. ¿Para qué estoy en esta carrera que no tiene meta alguna?

Sigo gris, en mi camino gris que se emboba a su vez por su andar multicolor y no comprendo porque se ríe de mí.

Me siento en cualquier plaza y de pronto el gris me supera y sucede a mis verdades que inconclusas tropiezan con torpeza ante la gente que me rodea.

“Fue sólo esa gota de alcohol inefable que en mi frente cobró la imagen de un destino…”

Otra porquería más…

Sigo sumido en la nada.

El recuerdo me lleva, una vez más, a todos los hechos que me han traído a este inerte paisaje que encierra mi cerebro.

¿De qué ha servido ser alguien para nadie…? ¿De qué ha servido ser nadie para todos…? ¿De qué vale ser alguien para mí…?

Los cigarrillos parecen nacer de mi boca y amablemente mis labios los consienten.

Busco caminar hacia otro lugar que tampoco me importa, busco salir de esta sequía que me agota y me posee desde el mismo día en que la supe.

Me consumo en el día abierto de las mujeres que me rozan, de las líneas que no escribo y de los momentos inútiles que me agobian pero que son lo único que me queda.

“Sólo esa gota de alcohol que enjugó mi frente pudo ser testigo de…”

Qué basura…

Compro una cerveza que sabe a tierra y como castigo la trago por que si.

Camino frente a el sahumerio que cosecha mi obstinación y la frente se me parte en grietas áridas de polvos insípidos.

Trato de no tratar de hacer nada pero nada ya es algo y eso me frustra porque nada ya es demasiado profundo para las sutilezas inútiles que tratan de sacarme de este maldito hueco.

“Sólo una gota de alcohol bastó para acabar de una vez con este encierro…

Qué carajos estaría pensando el día que decidí que mi vida terminaría entre letras.

Llego a un bar en medio de la nada y es tan sucio y abominable que, evidentemente, debo entrar.

Me siento en la barra y ordeno cerveza… sigue sabiendo a tierra, pero ahora se mezcla la humedad de la desgracia ajena. Por castigo la trago.

Mirada sembrada en la barra; hombros encogidos y cerrados; espalda esquiva como una pared.

“Sólo esa gota enjugando mi mejilla logró verme de frente mientras el destino…”

Paja tan grande.

Escuchaba voces y no me importaba. Veía sombras… no me importaba… escuchaba gritos… no me importaba…

Estaba en un hoyo en el que había elegido terminar románticamente, en medio de la nada y de ningún raciocinio mayor al que mi estupidez había elegido. En el fondo de los fondos pero aún con la esperanza de la gloria propia y orgullosa del desquiciado que algún día se escuchó.

Sin nada que hacer seguía en la espera desesperanzada de nada y en la búsqueda inútil de todo.

“Gota que…”

Anda…!!!

Bebí como tenía tiempo que no lo hacía.

Cerraron el bar; quién diría que al más sucio también lo cerrarían; ¿tenía que irme?

Ni ganas tenía de irme ni ellos de aguantarme.

Sin un centavo en el bolsillo recurrí a mis balbuceos incomprensibles de moribundo en vida ajena y sin mediar palabras el portero, que quería salir de mi de una vez por todas, empezó a golpear repetidamente mi cabeza contra la barra.

Seguía insistiendo el noble bar tender en que algo tenía que tener para pagar, pero incluso sus esfuerzos de esculcar mis bolsillos fueron inútiles.

Siguieron golpeando mi humanidad anestesiada de alcohol hasta que mi conciencia se empezó a vencer perdiéndose en la inevitable y buscada muerte “accidental”.

Pronto su ira y su cansancio se hizo presente y sólo el bar tender tuvo la energía para seguir golpeando.

Agotado, tanto como indignado y con su vista buscando descanso, vio mi último vaso a medio tomar. Su ira revivió. Con la indignación de la prostituta mal pagada, lo tomó y sin pensarlo un segundo lo reventó contra mi cabeza ya vencida, a un solo golpe del final… La mayor de las rabias llenaban la otra mitad del vaso (para ser romántico)

“Sólo una gota de lluvia se mezclo entre sudor y sangre para decirme que hasta hoy finalmente viví.”

No será lo mejor pero, la verdad, casi nunca lo es.

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