Soluciones.

Sentado en la cafetería, mirando hacia ninguna parte, me dejaba llevar en mi apatía por las distintas conversaciones que me rodeaban. Es increíble la cantidad de opiniones absurdas que se desprenden de la ignorancia, la ira o de la disertación de la inconsciencia.

Han pasado generaciones que se envuelven en esta triste realidad que nos aplasta día a día entre el calor y esta violencia latente que nos marea cual droga que violenta nuestros nervios.

Repasando las caras que balbuceaban estúpidas conclusiones mientras el olor de mi café me aliviaba del hedor del ambiente, mis ojos se fueron tornando cada vez más cazadores aguzando entre la furia contenida en mis manos y el tranquilo tormento que gritaba en mi cabeza que hiciera algo.

Mi conclusión fue sencilla: hay que matar. me pareció la única manera de acabar con tanta desgracia que se ha vuelto cotidiana. No soy extremista ni fanático, sólo soy una persona que se hastió de tanta idiotez, de que tantos inútiles llevaran el control de mi entorno.

Posando mi café nuevamente en la mesa, se dibuja de pronto en mis labios una sonrisa adornada por la espuma del café que mi lengua desaparecía implacable.

Conté las personas que estaban en el local; incluso analicé la cantidad por mesa, los movimientos de los empleados e hice una rápida estrategia para un golpe maestro que aliviara por un momento mi desagrado.

Levantándome de pronto con precisión, alcancé un cuchillo que había en la mesa contigua y con gran velocidad empecé a degollar a aquellos salvajes. Lo hacía con una destreza que me impresionó dejándome una satisfacción incomparable.

Los pocos que estaban cerca de la puerta consiguieron salir del local, mas no permití que fueran muchos. Los fui destrozando sin piedad alguna y mi rostro desconocía la presencia de alguna expresión.

Al terminar mi obra, me senté a terminar mi café. Aún se escuchaba algún lamento ahogado.

Fue la paz la que se posó en aquella cafetería. Me pareció una solución impecable, al fin y al cabo, hay personas con las que no vale la pena discutir ya que tienen la capacidad de raciocinio de una silla.

Terminé mi café, solté el dinero sobre la mesa (honrado siempre) y salí a ver la luz de una forma renovada, el mundo era un poquito mejor gracias a que puse mi granito de arena hoy.

Respiré profundo, estiré mis brazos y con una gran sonrisa empecé a caminar.

Más tarde seguramente me provoque otro café, pensé riendo dentro de mis ojos felices.

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