1 de los 50 violentos.

-¿Qué más hace falta, mamá?

-Harina, hijo; ya se está acabando y no he conseguido en ningún lado.

-Ok, voy a donde Luciano; Carlos me dijo que le llegó.

-No tardes que parece que las cosas van a seguir bastante feas hoy.

-Tranquila; voy y vengo rápido ma.

          Salió de su casa como cualquier día, aunque no al colegio. Tenía tiempo que no iba por los disturbios y movimientos de calle que le impedían que llegara cerca de la parada del autobús.

              Mientras caminaba iba sacando cuentas del dinero que tenía y las cosas que tenía que comprar.

              Veía como a su alrededor abundaba la basura, sus vecinos y amigos de siempre lo iban saludando al pasar. Eran saludos llenos de cariño que no dejaban de incluir bromas entre líneas.

-¿Hasta que te dejaron salir?

-jajaja, pendejo.

-Vamos a la plaza…

-De repente más tarde que voy donde Luciano.

-Dale, voy a estar allá.

              Se había vuelto tan común aquel ambiente de caos, que ni siquiera en aquellas breves conversaciones le llamaba la atención que todos andaban sin camisa, con la cara tapada y botellas de vinagre en la mano.

                Llegó a la tienda de Luciano donde, como siempre, fue recibido con mucho cariño. Toda su vida aquel viejo amable, aún con su acento portugués después de tantos años en el país, lo había atendido y visto crecer.

-¿Qué hay, viejo?

-Aquí hijo, esperando a ver qué va a pasar hoy.

-Tranquilo viejo, capaz que no pasa nada.

-Ya veremos. Ya ni me llega mercancía así que lo que consiga lo agarra y cualquier cosa  le dice a su mamá que me lo paga después para que no tenga a la familia pasando hambre.

-Gracias viejo.

              Recorriendo los angostos pasillos tomó la harina y algunos víveres que hacían falta. Fue a la caja y mientras Luciano iba registrando los productos, José veía como la calle se iba llenando de gente. Todos miraban hacia algún lado que él no alcanzaba a ver. Luciano le dio la cuenta y luego de pagarla se despidió y salió a la calle.

              Luciano lo veía alejarse mientras se lamentaba de la realidad que tenía que vivir aquel niño. No había conocido otra realidad y esta lo había absorbido a tal modo, que su capacidad de sorpresa era nula. Caminaba entre aquella nerviosa multitud con una sonrisa inocente.

              Desde la tienda Luciano vio como empezaron a caer cilindros que vomitaban blancas y tóxicas nubes que ahuyentaban a todos. José apuró el paso tapándose la nariz y la boca adentrándose en aquel humo. Sonaban disparos y, de pronto, desde la entrada de la tienda que ya había cerrado casi completamente, Luciano pudo ver como llegaba la guardia disparando contra la multitud. Trató de ubicar a José pero no lo pudo ver más.

                  La mañana del Miércoles 17 de Mayo murió José tras ser atravesado por una bala que entró por su espalda y salió por su ombligo. Esa fue la salida que eligió el destino para el proyectil que le cegó la vida a sus 15 años.

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3 thoughts on “1 de los 50 violentos.

  1. Und rama con muchas aristas, muchas visiones encontrada,s en un medio emocional pervertido por las carencias y la impotencia de una sociedad que no ha aprendido a convivir y con un gobierno ciego, sordo y mudo… o interesadamente insensible ante su carencia de valores de vida.

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