Disertaciones en familia.

Dos padres y dos hijos bebían en un bar.

Uno de los hijos, que es a la vez uno de los padres, comentaba al segundo de los hijos de manera apasionada sus pareceres; a lo que esté, no con menor ímpetu, daba su punto de vista.

El otro padre sonreía tranquilamente.

-Es que esta vaina se la llevó el que la trajo. Te digo que las cosas no se están manejando como es, hijo. Hay que poner la mano más dura contra esta gente, esto no puede seguir así.

-Claro papá, pero recuerda que estos tiempos nos han enseñado que el diálogo es la vía correcta para solucionar las cosas.

-¡Ja! o sea que ¿tú hubieses mandado a un judío a conversar con Hitler para solucionar las cosas?

-Coño papá, tampoco.

-Es lo que estás diciendo, el diálogo. ¿Qué hubiese pasado si alguien hubiera querido conversar con Batista? dime.

El mayor de los padres interrumpió el ambiente con autoridad.

-¡Dame tres cervezas más, hazme el favor!

Luego de mirarlo brevemente con una sonrisa, continuaron en su debate.

-Bueno papá, entiendo tu punto, pero ¿tú me inculcaste a mi el uso de armas?

-Tampoco te crié en este desastre, pero ahí vemos lo que pasó. A mi este viejo tampoco me crió con un rifle bajo el brazo, pero igual cuando me tocó salir a luchar, hijo, me tocó y fuerte. Yo creo que esas fueron las únicas veces que me desaparecía tres días de la casa, con suerte tres días, y el viejo no me regañaba.

-jajaja ¿tres días?

-A veces más, pero nunca me doblegaron. Me pegaban y torturaban pero jamás consiguieron que dejara de luchar. Siempre estaba con Castillito y el zurdo. Esos si que peleaban sabroso. Castillito y yo éramos compañeros de clase en la escuela de letras y el zurdo, ese vagabundo, era de ingeniería pero nos conocíamos por los juegos de dominó.

-Si yo me acuerdo de ellos pa.

Luego una nueva interrupción.

-¡Tres más Julián!

-A bueno. Te me vas a emborrachar viejo. – dice el primer hijo -.

-No se discute con boca seca – espeta con socarronería el viejo -.

-Bueno papá. al menos da gracias a Dios que no me han metido preso ni torturado como a ti – continuó el menor de todos -.

-Eso lo agradezco hijo y de verdad espero que nunca tengas que vivir lo que viví yo. Tu mamá como lloraba cada vez que me agarraban.

-¿Fueron varias veces?

Por primera vez el más viejo aportó algo a la conversación.

-Tu papá nunca supo correr jajajaja

Rieron nieto y abuelo mientras la sonrisa tímida de la víctima de la burla sorbía su cerveza con la inequívoca expresión de “me volvió a joder el viejo”.

Así siguieron un rato más padre e hijo discutiendo sus puntos y maneras, siendo interrumpidos por el abuelo en sus constantes pedidas de cerveza hasta que de pronto el más joven, luego de un largo discurso que se paseaba entre datos históricos, derechos humanos etcétera, le preguntó.

-Abuelo, tu que también viviste una época dura y también repartiste golpes e insultos contra algún gobierno, ¿qué piensas? más allá de lo que dice mi papá que todo tiempo pasado fue mejor y toda nueva generación es más débil.

Luego de una breve pausa, la mirada del viejo vagó perdida por el techo de aquel bar, y rascando sus blancas barbas y en su mayor pose de sabiduría contestó

-Hay que matarlos a todos. ¡Tres más Julián!

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