El regreso

Iba saltando de nube a estrella, inconsciente de su propia belleza. Iba sonriendo libremente sin mirar hacia abajo y menos atrás.

Yo estaba sentado en medio del bosque y no pude evitar quedarme prendado de ese hermoso haz de luz que dibujaba versos en la noche, danzando frente a un maravilloso creciente de luna que sonreía complacida.

Tuve el impulso de gritar y por un momento, logré amarrar el grito en mi garganta por miedo a que desapareciera, pero mi naturaleza, llena de curiosidad, me palmeó con fuerza la espalda y un alarido se escapó entre mis labios.

Para mi sorpresa, ella se detuvo de golpe abrazando a una estrella. Me miró sin perder su sonrisa y volteando levemente su bello rostro.

Con una dulce liviandad se dejó llegar frente a mi.

  • ¿Quién eres? – Preguntó.
  • Sólo alguien que viendo al cielo me dejé enamorar – respondí.

Bajó su rostro con tímida vergüenza y regalándome el azul de sus ojos me preguntó.

  • ¿Desde hace cuánto está aquí?
  • Ya no recuerdo. No recuerdo siquiera como llegué.

De pronto su expresión cambió. Me observaba con detenimiento y sorpresa. Comenzó a tocar mi rostro con la palma de sus manos y fue dibujándose nuevamente aquella sonrisa que adornaba mi ser.

  • Ya te recuerdo – dijo de pronto.

Ahora el extrañado era yo.

  • Pensé que no volverías jamás

De pronto, demostrando una gran alegría comenzó a saltar a mi alrededor. Estaba emocionada, era como si me hubiese estado esperando y yo ni siquiera sabía quién era. Realmente no sabía siquiera quién era yo.

En medio de mi confusión y con la mayor de las dulzuras, para no empañar aquel momento, le dije.

  • ¿Me podrías decir que sabes de mi? No recuerdo nada; Sólo estar sentado acá, en medio del bosque y verte bailar entre las nubes y las estrellas.

Riendo de manera casi infantil, pero con un cariño que me dominaba por completo me dijo.

  • Tu y yo siempre hemos estado juntos. Crecimos aquí mismo y jugamos todos los días. Un día me dijiste que querías salir de aquí, que necesitabas ver que había más allá del bosque y así lo hiciste. Estuve triste durante mucho tiempo. Fue entonces cuando decidí subir al cielo a verte aunque sea de lejos. Allí conocí a la luna y las estrellas, dormí entre nubes y la brisa fresca me hacía compañía diciéndome que pronto ibas a volver. Así pasé las noches, esperando tu llegada. Te perdí de vista. Pero ya no importa porque al fin has vuelto.
  • ¿Pero quién soy? te veo y no te recuerdo. Eres tan bella que me parece un pecado haberte olvidado.
  • No me olvidaste, sólo te fuiste dejando tu naturaleza atrás. No me recuerdas porque no recuerdas qué eras. Solías estar de pie en esta orilla, cantándome al oído mientras yo susurraba en el tuyo. Eras alto, fuerte como ninguno y protegías mi ser. Cuando te fuiste sacando tus raíces del suelo, la tierra te quitó la dureza de la piel. Tus hojas cayeron en cabellos y el verde se guardó en tus ojos.

No entendía lo que me decía. Era completamente incomprensible aquella conversación, pero a cada palabra la sentía más, me enamoraba más.

  • ¿Quieres quedarte? – preguntó.

Casi sin dudarlo salió de mi boca un “Si”.

  • Pero si me quedo, ¿Vas a estar conmigo o seguirás bailando en el cielo?
  • Mi sitio es a tu lado, sólo tienes que quedarte y a tu lado por siempre estaré.

Apenas dijo aquello, mi cuerpo empezó a expandirse de forma mágica. Mis pies se fueron volviendo raíces, enterrándose profundas en la tierra. Mi cuerpo se fue ensanchando, mis brazos alargando sin dolor alguno. Sentía un placer al verme creciendo de esta manera, al saberme junto a esta bella y dulce mujer que se quedaría conmigo. No me importaba el no volverme a mover de ese sitio mientras ella estuviera a mi lado.

La transformación terminó y ella seguía tal y como la había visto; bella, delgada, casi flotando en su alegría. entonces le pregunté

  • Ahora quiero que me cuentes todas las cosas que olvidé.
  • Así lo haré.

Al decir esto último, se derramó sonriendo entre mi orilla y la montaña fluyendo hermosa, transparente y pura; refrescando al bosque.

Todos los días me acaricia su belleza mientras le doy sombra con mis ramas. Todo sonríe a nuestro alrededor. Aquí estaremos, no necesito nada más.

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One thought on “El regreso

  1. Belleza indescriptible de imaginación envuelta en fantasías (¿pleonasmo?) que dibujan un mundo interior rico e inagotable. Gracias por expresarte. La paz y la belleza se unen a una acción que solamente se dibuja en El Espíritu que manifiesta lo no manifestado.

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