El “amigo”

Por primera vez entró a la iglesia con gran turbación. Miró hacia los lados y sin dudarlo se dirigió hacia el confesionario.

Entró y al advertir una presencia del otro lado comenzó a hablar.

-¿Padre?

-Disculpe…

-Nunca he hecho esto por lo que pido me disculpe la torpeza, pero necesito hablar con alguien de forma urgente.

-Ok. ¿en qué puedo ayudarle?¿primera vez que viene a confesarse?

-Primera vez que vengo. Y eso que me la paso en el café de enfrente con mi mejor amigo y su mujer.

Acompañado del sonido de una sonrisa le contesta.

-¿Y a qué se debe esta visita?

-La conciencia me está comiendo por dentro.

-Cuéntame.

-Me estoy acostando con la mujer de mi mejor amigo y no tengo el valor para decírselo porque es un tipo muy violento y tampoco tengo la voluntad para dejar de hacerlo.

-Siga, hijo.

-Es una mujer increíble, bella, graciosa, inteligente; pero este tipo no le hace el más mínimo caso. Una cosa llevó a la otra y en cuando me di cuenta ya estábamos en mi casa haciendo el amor.

-Y ¿cuál sería su plan ahora? no se lo quiere decir porque le tiene miedo, no quiere romper la relación… ¿exactamente qué quiere que le diga?

-No sé. Al principio era sólo una manera de descargarme, entenderá que esto no es algo que se le cuenta a cualquiera, ahora no sé. Quizás un consejo…

-¿Qué piensa hacer en este momento?

-Ella me está esperando para ir a mi casa. Mi amigo salió a no sé dónde.

-El único consejo que le puedo dar, es hablar con su amigo y terminar con la relación. ¿No esperará que consienta esa actitud suya?

-No, claro que no.

-¿Entonces?

-No sé, padre. Me gusta mucho y aunque quiero mucho a mi amigo la verdad es que no le presta la más mínima atención.

-Eso está lejos de ser su problema, amigo. Ya sabe mi consejo y espero que lo siga, si no su conciencia no lo va a dejar en paz y el riesgo a ser descubierto es alto.

-Vamos a ver. Hace un par de semanas que no nos vemos a solas y quiero verla. Bueno padre, muchas gracias y… chao. ¿Esto se paga o algo?

-No con dinero, hijo. Vaya en paz.

Salió con prisa del confesionario sin mirar atrás.

Un padre que lo vio salir, cuyo rostro mostraba cierta extrañeza, entró por el mismo lugar por el que salió aquel desconocido e inmediatamente notó que había una persona al otro lado de la rejilla.

-En el nombre del padre, el hijo y el espíritu santo. En qué te puedo ayudar, hijo.

-Padre. Venía por un asunto pero se me complicó y creo que lo mejor es que venga después porque en este momento tengo que ir a casa de mi mejor amigo a arreglar algunas cosas y me parece que mis pecados se van a multiplicar.

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